lunes, 24 de octubre de 2011

El ser humano, la serpiente y el legalismo en el Edén

Dios creó a Adán y Eva y les indicó que podían comer de todos los árboles que había en el Edén, excepto de uno solo. La abundancia de alimento que tenían estaba integrada por toda una gama de frutos, sabores y colores, de manera que ambos vivían en una pletórica bendición.


Dios les mandó evitar un solo árbol, el de la ciencia del bien y el mal, porque morirían al comer de el (Génesis 2:16-17). Era pura sabiduría divina. Algunos han acusado a Dios diciendo que Él fue el autor de la tentación. Pero la Biblia revela que Dios no tienta a nadie (Santiago 1:13) y que el primer tentador fue Satanás.

La serpiente planteó ingeniosamente su pregunta a Eva logrando que Dios apareciese como un legalista cósmico: "Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?" (Génesis 3:1). Mientras Dios dijo "de todo árbol del huerto podrás comer...", la serpiente torció el sentido del mandamiento exaltando la prohibición y pintándola como una forma de opresión y tiranía de parte del Creador.

Eva respondió bien diciendo que Dios les dijo que podrían comer de todo árbol excepto de uno solo de ellos, pero añadió al mandamiento algo más de su propia cosecha: "no comeréis de él, ni le tocaréis". La prohibición era comer del árbol, y Eva añadió que tampoco podían tocarlo. Esta es otra indicación del legalismo que se estaba gestando en el corazón de la humanidad: agregar preceptos a la ley de Dios.

Es lamentable que los mas agresivos defensores del secularismo fueron criados en ambientes religiosos autoritarios. El legalismo parece tener su origen en una piedad distorsionada que agrega y agrega mandatos a lo que Dios ha dispuesto, con la primera intención de ser más espirituales y aceptos ante Dios y los hombres.

La Biblia condena no sólo quitar mandamientos sino también agregarlos: "No añadiréis a la palabra que yo os mando..." (Deuteronomio 4:2), "No añadas a sus palabras..." (Proverbios 30:6), "Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro" (Apocalipsis 22:18). El legalismo se fragua cuando estos mandamientos comienzan a ignorarse en el nombre del prestigio, la respetabilidad y la falsa devoción.

Adán y Eva eran libres de comer entre incontables y variados frutos. Por lo tanto, cuando ellos desobedecieron a Dios no fue por necesidad sino por rebelión. Eso mismo ocurre con nosotros hoy: Dios nos da muchas cosas en las cuales deleitarnos, pero permanecemos insatisfechos hasta que nos volvemos indulgentes con aquello que está prohibido.

En algunas comunidades se acusa de pecado mortal a los que faltan a las fiestas religiosas o dejan de traer sus diezmos, a los que tienen televisor en sus casas o a los que toman café. El legalismo, a diferencia de la vida licenciosa, muchas ocasiones es difícil de detectar y parar porque se hace en el nombre de Dios y la santidad. La Palabra de Dios debe ser siempre el parámetro a seguir, pero hay que tener sumo cuidado y diligencia en su estudio.
"El orgullo ama trepar, no como Zaqueo  para ver a Cristo, sino para ser visto" William Gurnall.
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Material de consulta: Horton, M. (1994) Putting amazing back into grace. Who does what in salvation? Baker Books. 319 p.