viernes, 7 de octubre de 2011

Dios hará arder tu carne para hacerte crecer

En el Nuevo Testamento hay varias palabras que se traducen como carne. En unos casos se refiere a la sustancia del cuerpo, tanto de seres humanos como de animales (1 Corintios 15:39),  o al cuerpo humano (Filipenses 1:22), y en otras se refiere a la naturaleza pecaminosa (Gálatas 5:16). En ambos casos, la palabra griega usada es sarx. En esta publicación, la carne es mencionada en su sentido de naturaleza pecaminosa.  



 Pablo indica en Romanos 7:18 que en su naturaleza pecaminosa (σαρκί) nada bueno habita. Se trata del asiento del pecado que permanece en el ser humano hasta su muerte, y que el cristiano debe evitar alimentar a como de lugar. Así se lee en Gálatas 5:16: "no satisfagáis los deseos de la carne", porque sus obras son "adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas" (énfasis añadido).

 Dios hará arder tu carne, esto es, tu naturaleza pecaminosa, para hacerte crecer en santidad. Después de la justificación por la fe en Jesucristo, somos hechos participes de la naturaleza divina y un nuevo principio existe en nosotros. Pero en la experiencia cristiana no pasa mucho tiempo para percatarse de que hay una cruenta oposición de la carne a la vida en el Espíritu. Nuestro egoísmo y las raíces malvadas en nuestro corazón se erigirán constantemente para derribarnos. Por lo que Dios hará arder  nuestra carne poniéndonos en situaciones en las que nuestro propio yo deberá ser humillado, una y otra vez, hasta que el quebrantamiento acabe con la resistencia del pecado.

Conforme pasen los días, en el sabio y eterno consejo de Dios tu vida cristiana será confrontada con la Palabra de Dios. Seguramente, los frutos del Espíritu te convertirán en blanco de vituperios, críticas, calumnias, amenazas y toda clase de situaciones que permitan el resquebrajamiento de tu orgullo y vanidad. Tal como atestiguó Pablo: "Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucitó a los muertos" (2 Corintios 1:9, énfasis añadido). La santa purificación de nuestra vida que nos irá limpiando de las obras de la carne muchas veces te hará preguntarte si estás en la senda correcta. Pero no debes dudarlo. Dios está quemando tu soberbia para perfeccionarte en el amor y dependencia a su voluntad.

Proverbios 16:18 dice: "Antes del quebrantamiento es la soberbia, Y antes de la caída la altivez de espíritu". Dios no permitirá que unos de su elegidos amados perezca, por lo que ordenó todas las cosas para el bien de quienes lo aman (Romanos 8:28). Así, amable lector, no te extrañes si por causa de la fe comienzas a experimentar los rigores de la disciplina celestial. Recuerda siempre que Dios "al que ama disciplina, Y azota a todo el que recibe como hijo" (Hebreos 12:6, énfasis añadido). No importa que tan importante seas en la sociedad o en la iglesia del Señor. Tu orgullo y egoísmo arderán constantemente para que seas más semejante a Cristo.

Hoy te sientes capaz de muchas cosas, pero mañana estás postrado clamando por sanidad. Hoy te explayas en el púlpito con gran erudición, pero mañana te descubres a ti mismo en pecado. Hoy sacrificas todo lo que puedes por el Evangelio, pero mañana te das cuenta que era sólo legalismo. Cualquiera que sea tu necesidad, Dios hará arder tu carne para hacerte crecer en la humildad y la santidad cristianas.


En el amor de Cristo.
Juan Paulo.


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