jueves, 8 de septiembre de 2011

Estás en el hueco de su mano…


Hoy desperté con ese pensamiento y recordé que el Salmo 121 nos dice: “Levanto la vista hacia las montañas, ¿viene de allí mi ayuda? ¡Mi ayuda viene del Señor, quien hizo el cielo y la tierra! Él no permitirá que tropieces; el que te cuida no se dormirá. En efecto, el que cuida a Israel nunca se adormece. ¡El Señor mismo te cuida! El Señor está a tu lado como tu sombra protectora. El sol no te hará daño durante el día, ni la luna durante la noche. El Señor te libra de todo mal y cuida tu vida. El Señor te protege al entrar y al salir, ahora y para siempre”.

No puedo describir lo que mi corazón siente al leer este pasaje bíblico pero puedo afirmar con convicción que hay alguien mucho más grande que tú, más grande y más alto que ese monte que se ha levantado en tu vida y ese Dios esta arriba… en los cielos. Sí, desde allí Dios mira las montañas, mira el mundo entero pero solo se enfoca en ti: “Tú eres su punto de enfoque, tú eres el amor de su vida… Él es tu guardador”. ¿Qué hermoso, verdad?

Recuerdo que de pequeña tuve la muñeca ángel de la guarda y mi mami, al acostarme, hacía que escuchara sus dulces palabras… y yo dormía como una bebe. Es más, al recordarla siento una tranquilidad embargadora. Y te preguntarás ¿por qué?, si era una simple muñeca. La respuesta es sencilla: La naturaleza humana siempre busca protección; es decir, necesitamos sentirnos protegidos. El enemigo aprovecha esa situación y nos hace pensar que Dios ya se adormeció para nosotros, que nos ha olvidado… que no nos protege, ni nos cuida.

No sé como te sientas en estos momentos, quizás quisieras que el mundo te borre o que pasen “liquid paper” sobre tu nombre. ¿Has pensado esconderte donde nadie te encuentre? ¿Hacer un viaje a tierras desconocidas donde nadie te conozca? Sea cual fuera tu deseo, déjame compartir contigo una verdad que ni el diablo mismo puede borrar: “Dios no te olvida, en Él tienes un escondite perfecto… el hueco de su mano”.

¿No lo has percibido? Dios mismo te cuida en este momento, Él es tu sombra protectora. Si no me crees, lee conmigo este pasaje de la Biblia: “Yo, el Señor, soy su guardián; todo el tiempo riego a mi _____________ (coloca tu nombre) Día y noche cuido de ella para que nadie le haga daño.” Isaías 27:2 NVI
Quizá no te has dado cuenta porque estás más enfocado en el ruido que las circunstancias están produciendo a tu alrededor… Es necesario que apacigües tu corazón y escuches lo que el Señor tiene para ti: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios…” Salmo 46:10 RV60

Dios nos hace invisibles al mal… ¿Lo recuerdan? Semanas atrás estuvimos hablando de ello y hoy tienen que comprender, con claridad y sin confusiones, que el estar bajo su protección nos hace indestructibles.

Hace algunos años decidí hacer un viaje con dos amigas, Rosy y Cecilia, nos íbamos a Pucallpa. Como queríamos conocer la zona, decidimos viajar por vía terrestre y faltando unos cuantos kilómetros para llegar a nuestro destino, unos facinerosos interceptaron el ómnibus en el que viajábamos en un lugar llamado “la garganta del diablo”. ¿Curioso, verdad? No fue casualidad…

Esos hombres se acercaron con rifles hacia las ventanas y tres de ellos irrumpieron dentro… Eran las cuatro de la madrugada, todo estaba oscuro. Sus rostros estaban cubiertos con unos pasamontañas y nos obligaron a bajar. ¡Era un asalto! Solo escuchábamos groserías en las que los delincuentes nos pedían que bajáramos pronto del autobús. Nos empujaron para recostarnos sobre la tierra húmeda pues la noche anterior había llovido y empezó lo que temíamos… la revisión de cuerpos con el fin de buscar dinero y así robar todo lo que tenían a su alcance. En esos momentos, muchas ideas pasaron por nuestra mente: oraciones silenciosas y clamores de protección.

Los minutos se hacían interminables y los nervios empezaron a embargar a muchos pues solo alcanzábamos a escuchar insulto tras insulto. Una joven que estaba al lado nuestro, empezó a sollozar y la paz que nos había embargado era tan grande que ¡hasta la compartimos a la gente que nos rodeaba! Fue así que, cuando llegaron a nosotras ni nos tocaron… se pasaron de largo… ¡Ni siquiera nos vieron porque estuvimos escondidas en EL HUECO DE SU MANO!

Escuchamos balas, gritos de pavor de algunas mujeres pero a nosotras nada nos pasó.  Sí, hubo heridos, muchos pasajeros perdieron objetos de valor y vuelvo a repetir… pero a nosotras nunca nos hicieron nada. Una vez más lo tengo que escribir, para que captes la idea, estábamos escondidas en EL HUECO DE SU MANO. Dios nos estaba protegiendo porque tenemos un propósito que cumplir y no nos puede pasar nada hasta que ese propósito no se cumpla en nuestras vidas.

Han pasado los años y al recordar con mis amigas esta noche negra, simplemente nos reímos, miramos al cielo y decimos: “Nuestra ayuda siempre viene de Dios…”. A veces uno cree que ello solo sucede en las películas de acción pero nos sucedió a nosotras y las tres podemos  confesar que Dios es real y nos ama con tal profundidad que nos hace invisibles al mal. ¡No hay por qué temer!

Quizá en estos momentos algún enemigo se ha levantado para contar 1, 2,vienen por ti…. y luego decirte: “No hay lugar donde te puedas esconder, voy a llegar a hacerte daño, te voy a destruir porque te detesto”. Déjame decirte que te está mintiendo de la forma más burda. Esa serpiente no sabe de tu escondite ni siquiera se lo imagina… pero ¡Shhh! No se lo digas a nadie… al final tú ganas. ¿Sabes por qué? Sí, porque estás escondido en el hueco de la mano del invencible.

Disfruta de ese bello momento y comparte conmigo de las veces en que has estado EN EL HUECO DE SU MANO…


Por Wenddy Neciosup
www.wenddys.blogspot.com