lunes, 8 de agosto de 2011

“Y yo os haré descansar” (Mateo 11:28) ¿Descansar de qué?

leyendo_libro Cristo dijo que todo el que viniera a Él, y que estuviera cansado y cargado, hallaría descanso (Mateo 11:29). Una pregunta muy importante en este versículo es la siguiente: ¿Cristo nos hace descansar de qué?

Primero, hay que notar que es preciso estar cansado y cargado para requerir el alivio eficaz ofrecido por nuestro Señor. Este cansancio  y cargas generalmente se asocian con enfermedades, preocupaciones y demás angustias que llegan a la vida de las personas. Es normal  -y pienso que es aceptable- escuchar que este versículo sea utilizado para animar a los hermanos que pasan por pruebas muy duras y que necesitan recordar que el Cordero de Dios está con ellos.

Sin embargo, cuando Jesús habló así estaba predicando en la región de Galilea a las multitudes, entre los que estaban tanto el pueblo como parte del liderazgo religioso judío, y no propiamente una audiencia que creyera en su mensaje y esperara instrucción. Antes de hablar sus preciosas palabras de esperanza se dedicó a lamentarse por la incredulidad y pecado de las regiones de Corazín, Betsaida y Capernaúm “en las que había hecho la mayoría de sus milagros” pero que “no se habían arrepentido” (Mateo 11:20). Increpó que el liderazgo farisaico lo criticara porque según sus apreciaciones hipócritas Jesús era “un hombre glotón y bebedor de vino, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores” (Mateo 11:19).  Incluso se decía de Él que tenía un demonio (v. 18). Esta cercanía con recaudadores de impuestos era aborrecible para los fariseos, y por lo tanto, una grave falta a los estándares de pureza y santidad que debía guardar todo hombre piadoso.

Con estas cosas en mente, se pueden afirmar dos cosas: que el descanso aquí ofrecido por Jesús es un descanso para el alma (Véase Mateo 11:29, donde alma –suke- se puede traducir como “aliento” “espíritu” o aspecto “racional e inmortal” del ser humano) y no propiamente al cuerpo; y que el bálsamo santo de Jesucristo es un remedio para el alma humana abatida por el perfeccionismo farisaico. Mateo 11:28 es el sagrado anuncio de la Gracia Soberana y redentora que sólo nuestro Señor pudo ofrecer. “Venid a mi, todos los que estás cansados y cargados, y yo os haré descasar” estaba, está y estará dirigido primordialmente a todos aquellos que han sufrido los inútiles programas, discipulados e instrucciones de líderes religiosos perfeccionistas que apelan a las obras para ganarse o permanecer en la salvación y favor de Dios.

El descanso de Cristo se refiere al reposo permanente del alma humana sólo en la gracia de Dios, totalmente aparte de las obras. Es el reposo al que han entrado todos aquellos que han depositado su fe en Cristo, fuente de eterna salvación (véase Hebreos 4:1,3,6,9-11), después de haber cargado con su bancarrota espiritual  y con el peso de haber tratado de justificarse y salvarse  así mismos guardando la ley (J. MacArthur). La salvación que otorga el descanso al alma es un trabajo exclusivo de la Gracia y Elección Soberana de Dios según nos es advertido por Cristo en el versículo 27: “nadie conoce al Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar”. Ninguno de nosotros puede “mantener” su salvación porque se trata de un regalo de Dios (Efesios 2:8). No importa que tantas obras uno realice o cuantos méritos o decisiones buenas se puedan tomar; es irrelevante cuan moral pueda yo proyectarme en la sociedad en la que vivo o que tan buena reputación pueda sostener; es infructuosa cualquier lista de buenas obras, viajes misioneros o diezmos u ofrendas que yo pretenda redactar para presentarla delante del Señor a cambio de la “garantía de mi salvación” …nada de estas cosas podrá jamás hacerme justo delante del Dios Santo de la Biblia. Sólo la Gracia Redentora será capaz de darnos la paz con Dios por medio de Jesucristo (Romanos 5:1).

“¿Así de fácil?”- clamará alguno con sorna o perplejidad. Pero eso es lo que dicen las Santas Escrituras acerca de la salvación. Ni mil años de esfuerzos por “auto-purificarse” podrán servir para limpiarnos de todo mal, porque el mal está arraigado en nuestra naturaleza toda la vida y contra ella debemos luchar con los auxilios del Espíritu Santo. Sólo puede limpiarnos constantemente la sangre de Cristo (1 Juan 1:7) aún y a pesar de nuestra condición de pecadores en el taller de la santidad.

El perfeccionismo dice: “¿Eres cristiano? Demuéstramelo cumpliendo cabalmente todas estas reglas de hacer y no hacer…cuando acabes acá tendré más”, pero Cristo nuestro Amado Señor dice: Mi yugo es fácil y mi carga ligera” (Mateo 11:30).

 

Por Juan Paulo Martínez

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