jueves, 2 de junio de 2011

¡Huye del cristianismo “sui generis”!

sonrisa Existen personas que se consideran cristianas pero que no van a la iglesia, no hacen oración, ni estudian las Santas Escrituras. Hay otros que quizá van a la iglesia pero que no hacen oración ni estudian la Biblia. También los hay quienes no van a la iglesia pero hacen oración y estudian la Biblia. Y hay quienes estudian la Biblia pero no van a la iglesia ni hacen oración.

Si estás en cualquiera de los casos anteriores, este post –en el amor de Cristo- es para ti. Por principio, sostengo que ninguno de estos casos, a no ser por alguna condición de salud (que le impida a alguna persona moverse, leer, concentrarse, etcétera), es conforme a la enseñanza de las Santas Escrituras.

El principio del error de este cristianismo sui generis está en la ignorancia respecto de la revelación bíblica. Nadie que escudriñe seriamente la Palabra de Dios podrá fraccionar la fe cristiana de tal modo que se pueda ser cristiano y a la vez no tener iglesia, ni vida de oración, ni devoción por el estudio de la Biblia.

Algunos movimientos ideológicos de metafísica han asegurado que se puede ser cristiano y no asistir a la iglesia. Dicen que Cristo “no fundó ninguna iglesia”, que lo único que pide es que nos amemos unos a otros, que Él sólo espera que “despertemos” y que vivamos una vida de “abundancia y placer”. Dicen que la iglesia es una “institución humana” que sólo ha servido para estafar a las personas, y por tanto, no se le debe obediencia ni consideración a nadie que se diga ser líder religioso.

El destino de esta enseñanza es erigirse como piedra de tropiezo para el desarrollo espiritual de los que vienen a Cristo. Sin una interpretación correcta de la Biblia su lectura se puede convertir en fundamento de cualquier clase de cosa, por más detestable que pueda llegar a ser. Es por ello que la Biblia urge a la comunión de los santos, al estudio diligente de la Biblia, al apoyo y unidad entre cristianos, a la obediencia a las autoridades pastorales y a la intercesión en oración por todo el pueblo de Dios.

Respecto de la autoridad de la Biblia en Josué se lee el mandamiento santo de “cuidar de hacer conforme a toda la ley”, cuyo libro “nunca se apartará de tu boca” y que “de día y de noche meditarás en el” (Josué 1:7-8). De esta misma ley Jesús indicaba: “No penséis que he venido para abrogar la ley y los profetas…sino para cumplir” (Mateo 5:17). Y Pablo escribía que las Escrituras “te pueden hacer sabio para la salvación” porque toda ella es “inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:15-16).

Respecto de la autoridad pastoral la carta a los Hebreos indica: “Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la Palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe” (13:7); y también se lee: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso” (v. 17).

Respecto de la necesidad de congregarse se lee en Hebreos: “considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (10:24-25). El Salmo 133 dice: “¡Mirad cuan bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!”(v. 1). Y una mirada rápida al Nuevo Testamento nos hará percatarnos de que una y otra vez se observa esta comunión en las iglesias, apoyándose en asuntos económicos y pasando la instrucción de las cartas apostólicas, orando unos por otros y aprendiendo a vivir según la Palabra de Cristo, y también recibiendo disciplina según la sana doctrina y la verdadera religión.

De estas nociones básicas se obtiene la conclusión de que no puedes decir que eres cristiano si teniendo la posibilidad, no te congregas, ni tienes vida de oración  ni tampoco estudias las Santas Escrituras e intentas conformar tu vida cada vez más a ellas. Esa clase de cristianismo sui generis  es pura desobediencia a Dios y según la Biblia no agrada al Señor.

Puede ser que un pecado no te permita entregar tu vida al Señor y que para continuar en los goces de la carne prefieras tener una vida no cristiana creyendo que es cristiana, basado en tus propias conclusiones. Yo te exhorto a regresar, a venir a Cristo, a abandonar tu pecado y correr lejos de la condenación. Dios nos manda arrepentirnos y creer en Jesucristo. ¡Ven a los pies del Señor!: “al que a mí viene, no le hecho fuera” (Juan 6:37). No seas un “llanero solitario de la fe”. En la Biblia no existe nada parecido a eso. No tengas a menos la sangre preciosa del Redentor que hoy nos une en una misma fe y amor.

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