jueves, 26 de mayo de 2011

¿Podemos estar seguros de nuestra salvación? ¿Debemos estarlo?

NOTA: Entiendo que dentro del pueblo cristiano la posición que defiendo en este post no es compartida por algunos círculos evangélicos. Respeto su punto de vista. La pasión que se pueda observar al leer este escrito sólo es producto de mi percepción acerca de lo que creo que enseñan las Santas Escrituras y de una experiencia que tuve en una comunidad de cristianos arminianos. En el amor de Cristo comparto con todos ustedes este post.

“Dios es el que nos mantiene firmes en Cristo…Él nos ungió, nos selló como propiedad suya y puso su Espíritu en nuestro corazón, como garantía de sus promesas” (2 Corintios 1:21-22)

biblia712 Hace unos meses, en una reunión a la que asistieron varios jóvenes cristianos, el cielo comenzó a llenarse de luces y relámpagos. Los cielos negros tronaban con toda su fuerza cuando uno de ellos volteó hacia mi, y con un temor evidente me preguntó: “Si el Señor viene hoy ¿estás listo?”. Lo miré por unos momentos y le dije: “Sí”. Más tarde, medité en la pregunta que me había hecho y gracias a Dios estaba seguro de lo que había dicho. Sin embargo, ¿por qué hay quienes están inmersos en una multitud de dudas respecto a su salvación? ¿Cómo es posible que alguien que estudia las Santas Escrituras diariamente no sea capaz de ver en ellas la certeza que Dios ofrece a todos los que vienen a Él? Y más aún ¿qué clase de Evangelio es ese en el cual se le dice al neófito: “Dios te ha redimido pero sólo temporalmente”?

Hay varios planteamientos que conviene referir para aclarar este asunto de importancia vital para la vida cristiana. Podemos pensar en lo siguiente: 1) Dios salva temporalmente al pecador, lo prueba en esta vida y si resiste lo suficiente lo recibirá en gloria al morir; o 2) Dios salva eternamente al pecador, lo guarda en esta vida y lo hace perseverar hasta su muerte cuando lo recibirá en gloria. En el primer caso, nadie puede estar completamente seguro de su redención, pues ¿qué tal que alguno siente que se está engañando? ¿qué ocurrirá con aquella persona fiel que por cuestiones de carácter y de honradez tiene que reconocer que ha fallado delante de Dios y que quizá esté lejos de la redención final de su alma? ¿Y si antes de morir la conciencia no lo acusó de algo por lo cual se hará merecedor del infierno? ¿Cómo lo sabes tú que enseñas que la salvación se puede perder? Deberás tener mucho cuidado al irte a dormir por la noche –si Dios concede la vida- porque tal vez hayas dejado de confesar algo al Señor por lo cual tengas que pagar en la eternidad.

Yo he mirado a algunas personas que creen que la salvación se puede perder pecando abiertamente contra la ley perfecta del Señor, en un chisme, en una mirada libidinosa, en una mentira y en rencores, ¡Oh, si leyeras con atención que “comete pecado el que sabe hacer el bien y no lo hace” (Santiago 4:17)! Si has dejado de orar, si has dejado de ayudar al vecino en su necesidad, si has dejado tu vida devocional, si has dejado de estudiar para tus exámenes o si has dejado de cumplir con alguna responsabilidad en el trabajo, con el gobierno o con el medio ambiente, o también, si has dejado de comer alimentos sanos o si has dejado de ver cosas buenas en tu televisor, ya has pecado contra Dios. Entonces ¿Cómo harás para hacer siempre el bien y evitar siempre el mal, en toda circunstancia, de manera que estés seguro de que tu salvación temporal está vigente aún? ¿Cómo te atreverás a voltear al cielo y decirle a Dios: “Señor, yo sé que hasta esta hora del día soy temporalmente salvo, pero ayúdame a llegar salvo hasta la siguiente hora”?

La Biblia indica que el Espíritu Santo nos da testimonio de que somos hijos de Dios (Romanos 8:16). Pero este testimonio no se puede circunscribir a un sentimiento determinado porque las emociones son fluctuantes. Por ende, el testimonio del Espíritu Santo es la Palabra de Dios. Viene con la Palabra y a través de la Palabra. El Espíritu Santo nos segura que la Biblia es la Palabra de Dios. Es por esta poderosa razón que tenemos que acudir a las Escrituras en oración para escudriñarlas y encontrar en ellas el verdadero testimonio acerca de nuestra salvación.

Siguiendo a R. C. Sproul (1996) hay cuatro posiciones posibles con respecto a la certeza de la salvación:
  1. Hay personas que no son salvas y que saben que no son salvas
  2. Hay personas que son salvas pero que no saben que son salvas
  3. Hay personas que son salvas y que saben que son salvas
  4. Hay personas que creen que son salvas pero que no son salvas
Existen varias maneras con las cuales podemos saber en qué clase de caso estamos: a) Una falsa doctrina acerca de la salvación nos priva de la salvación; b) La idea de que podemos ganar la salvación reuniendo ciertos requisitos morales en esta vida nos priva de la salvación; y c) Tener la doctrina correcta acerca de la salvación pero no vivir en consecuencia nos priva de la salvación.

Hay que examinar nuestros corazones y el fruto de nuestra fe a la luz de la Palabra de Dios. John MacArthur (2010) ofrece nueve evidencias de la redención genuina: amor a Dios (Salmo 42:1; 73:25; Lucas 10:27; Romanos 8:7), arrepentimiento del pecado (Salmo 32:5: Proverbios 28:13; Romanos 7:14; 2 Corintios 7:10; 1 Juan 1:8-10), humildad sincera (Salmo 51:17; Mateo 5:1-12; Santiago 4:6,9), celo por la gloria de Dios (Salmo 105:3; 115:1; Isaías 43:7; 48:10; Jeremías 9:23, 24; 1 Corintios 10:31), oración continua (Lucas 18:1; Efesios 6:18; Filipenses 4:6; 1 Timoteo 2:1-4; Santiago 5:16-18), amor abnegado (1 Juan 2:9; 3:14; 4:7), separación del mundo (1 Corintios 2:12; Santiago 4:4; 1 Juan 2:15-17, 5:5), crecimiento espiritual (Lucas 8:15; Juan 15:1-6; Efesios 4:12-16) y obediencia (Mateo 7:21; Juan 15:14; Romanos 16:26; 1 Pedro 1:2;,22; 1 Juan 2:3-5).

Ya hemos dicho algo acerca de la salvación temporal según entienden algunos que enseña la Biblia. Pero la Santa Palabra, la tradición y la experiencia confirman que la salvación eterna es eterna y no temporal. Cristo indica en Juan 10: 27-28: “Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán , ni nadie podrá arrebatármelas de mi mano”. El verbo griego en tiempo presente usado aquí significa que el cristiano es aquel que habitualmente tiene dispuesto todo su ser al Señor. “Nadie podrá arrebatármelas de mi mano” dice Jesús ¿Como es que eres tan osado para decir que una persona redimida, un cristiano real, puede caer de la gracia? ¿No has leído que el que comenzó la buena obra la irá perfeccionando hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6)? ¿Acaso piensas que cuando la Biblia dice que fuimos predestinados para ser adoptados (Efesios 1:5) está refiriéndose a un “buen deseo” de Dios para tu vida? ¿Crees que cuando el texto sagrado dice que fuimos elegidos antes de la fundación del mundo para que seamos santos y sin mancha delante de Él se trata de una simple fórmula motivacional? ¿Por qué te cuesta tanto aceptar la soberanía de Dios?

Quizá me dirás: “Salvo siempre salvo es una mentira que constituye una licencia para pecar”. Te contestaré ahora con la Confesión de Fe de Westminster (1647) que contiene el credo cristiano más completo y más fiel de las Escrituras al que se añadieron y se siguen allegando millares de millares de cristianos cuyo amor por la Palabra de Dios es puro y auténtico:
Aunque los hipócritas y otros hombres no regenerados pueden vanamente engañarse a sí mismos con esperanzas falsas y presunciones carnales de estar en el favor de Dios y en estado de salvación; (1) cuya esperanza perecerá; (2) sin embargo, los que creen verdaderamente en el Señor Jesús y le aman con sinceridad, esforzándose por andar con toda buena conciencia delante de él, pueden en esta vida, estar absolutamente seguros de que están en el estado de gracia, (3) y pueden regocijarse en la esperanza de la gloria de Dios; y tal esperanza nunca les hará avergonzarse.(4)
1. Job 8:13,14; Miqueas 3:11; Deuteronomio 29:19; Juan 8:41.
2. Mateo 7:22,23.
3. 1 Juan 2:3; 5:13 y 3:14,18,19,21,24.
4. Romanos 5:2,5.
Esta bendita gracia de Dios se revela con mayor hermosura en la siguiente declaración:
Esta seguridad no es una mera persuasión presuntuosa y probable, fundada en una esperanza falible; (1) sino que es una seguridad infalible de fe basada en la verdad divina de las promesas de salvación, (2) en la demostración interna de aquellas gracias a las cuales se refieren las promesas, (3) en el testimonio del Espíritu de adopción testificando a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios; (4) este Espíritu es la garantía de nuestra herencia, y por EL cual somos sellados hasta el día de la redención.(5)
1. Hebreos 6:11,19.
2. Hebreos 6:17,18.
3. 2 Pedro 1:4,5,10.11; 1 Juan 2:3; 3:14; 2 Corintios 1:12.
4. Romanos 8:15,16.
5. Efesios 1:13,14; Efesios 4:30; 2 Corintios 1:21,22.
Esta seguridad está muy lejos de inducir a la negligencia a los seres humanos. Todos aquellos que levantan su voz contra esta doctrina bíblica de la salvación eterna la han comprendido mal,  o bien, intentan afirmarse así mismos sobre la base de una falible piedad personal.

Es mi oración que todos aquellos cristianos verdaderos que han padecido de las desgastantes  incertidumbres que conlleva la ignorancia de las Escrituras puedan sentirse liberados, o al menos escuchen en sus corazones acerca de esta esperanza bendita cada vez que alguno les instruya en el miedo de perder el regalo de la salvación. Como indicó un predicador evangélico un día: "Lo peor que puede hacer una iglesia es hablarle a los no cristianos de la seguridad de la salvación como si fueran cristianos; pero lo mejor que puede hacer una iglesia es reforzar la seguridad de la salvación en todos aquellos cristianos verdaderos"

Por Juan Paulo Martínez
http://elblogdepaulomartinez.blogspot.com/