domingo, 3 de abril de 2011

Marcas


¿A qué me refiero al decir marcas? Son esas tachas, rayas o signos que se quedan de por vida cuando hacemos algo mal. Algunos, tenemos tantas marcas, que parecemos una cebra o que somos la última adquisición de una prisión.

Cuando te dicen el famoso ¡No pases por allí porque siempre se te cae el florero! O esta otra que dice ¡Ay, no te sale bien una! Y ¿qué tal ésta? ¡Tienes dedos de mantequilla pues todo se te resbala! O ésta última ¡Siento que no eres muy diestra! Cuando alguien te dice esto, en realidad te está diciendo que pareces tener las dos manos zurdas. ¿Por qué sucede esto? Es cierto, muchas veces se nos chispotea o la regamos y eso lo recuerdan de por vida. ¡Ya párenla pues!

¿Te ha pasado que cometiste un error y siempre te lo refriegan o te lo sacan en cara? Vez tras vez como si hubiese sido ayer, te dicen: “Recuerdas en 1827 cuando eras niño y pasaste junto a mí y me pisaste”. Jajaja… Te dicen “es que tú siempre haces eso”, como si todo EL MUNDO supiera el error que cometiste y queda en tu hoja de vida grabado con sangre… y déjame decirte que existen personas que tienen memoria de elefante, recuerdan hasta el sabor del chicle que comiste hace un año. Exagerando un poco, claro… pero creo que me entiendes la idea.

Sucedió conmigo durante mi etapa escolar… Si no lo recuerdan pueden entrar y leer mi artículo Tulipanízate. Bueno, todas las alumnas, profesoras, padres de familia, movilidades escolares, personal de limpieza en el colegio sabían que yo era Wenddy la de la bala y por un buen tiempo tuve que lidiar con gente que sabía de mi suspensión semanal del colegio por haber llevado una simple balita. Por un momento, quiero que me imaginen sentada en los recreos literalmente sola, comiendo mi sándwich de pollo, moviendo mis piececitos, mirando a todos lados, buscando un rostro amigo y pensando qué hacer para cambiar ese concepto que tenían de mí o cómo podía volver a ganarme la confianza de las personas para no estar solita; hasta que se me ocurrió una genial idea, regalaban una botella de gaseosa llena por cada 5 botellas vacías que regresabas al kiosko… Sí, mi cerebrito empezó a hacer negocio y para no aburrirme empecé con mi pequeño trabajo de “recoletora de gaseosas”. Yo esperaba que algunas jóvenes de secundaria dejaran las botellas en el pasto, por las canchas de vóley y demás rincones del colegio, así que durante dos semanas estuve tomando gaseosa gratis pero un día, debajo de una banca, encontré una botella vacía sólo que una niña estaba sentada en ese lugar, me fui acercando de pocos “haciéndome la desentendida” y luego estiré el brazito para tomar la botella como UN GRAN LOGRO. La levanté para mostrárselo y la niña con cara de espanto dijo “tú eres la de la bala” y ahora quieres romperme la cabeza a botellazos de tal manera que salió huyendo dando gritos. Imaginen el cuadro, yo sólo era la “recolectora de botellas”, no tenía intención de hacer daño a nadie pero fui directo a terapia con una psicóloga, llamaron a mis padres diciendo: Wenddy quiere tirar botellas a las niñas.
                                                                                        
Hoy, al recordar esta historia, me rió porque Dios sanó mi corazón de todas esas marcas. ¿A cuántos de nosotros nos han marcado por una falla, una imprudencia o un error del destino? No duele cuando a esa persona no te interesa o es sólo un conocido pero cuando es un familiar, alguien cercano, un amigo, un jefe… allí sí que nos choca. Es un balde de agua congelada cayéndonos encima.

El rey David dijo en el Salmo 55:12-14 “Si un enemigo me insultara, yo lo podría soportar; si un adversario me humillara, de él me podría yo esconder. Pero lo has hecho tú, un hombre como yo, mi compañero, mi mejor amigo, a quien me unía una bella amistad, con quien convivía en la casa de Dios” NVI

Pintamos con plumón indeleble las marcas de los que amamos aunque queramos hacernos los fuertes, cuando una palabra, un gesto o una mirada te recuerdan “tu marca”, todo cambia alrededor. A David, toda su familia le recordó su marca, lo hicieron sentir mal. Yo no sé con qué te hayan marcado. Pero puedes hacer como él… ¿que sufrió?, sí que lo hizo… ¿que lloró? ¡Muchísimo! hasta quedarse sin fuerzas pero aprendió y dijo “En cuanto a mí, a Dios clamaré; Y Jehová me salvará. Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz. El redimirá en paz mi alma de la guerra contra mí, aunque contra mí haya muchos” V.16-18

Deja tus marcas en la cruz de Jesús
¿Qué te quiero decir con esto? Que puede que en estos momentos sientas que se vino todo un movimiento telúrico de marcas, heridas, mezclado con problemas y que por más que quieres levantarte… siempre sucede en la mañana, en la tarde y en la noche como que vienen a rematarla. Sigue mi consejo, haz como el rey David “CLAMA”… Sí, porque clamar significa el 911 celestial… la llamada que haces por auxilio. ¿Cuánto? Las veces que sean necesarias hasta que te sientas en paz.

Las marcas en mi vida han sido para mí como barrotes que matan, que me ponen topes como el de nunca vas a poder, eres la mala de la película, algo habrás hecho, a ti Dios no te bendice, eres feo, eres torpe, nada te sale bien. Uno a uno estos barrotes te ponen en una prisión hasta que decidas CLAMAR A DIOS… Ojo, no rezar que es recitar sino que debes decidir salir de ese lugar y llamar a Jesús a tu vida. Él es el único que puede quitar esos barrotes, el único que puede borrar esas marcas y que nunca más existan “Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más” Apocalipsis 21:4 NTV

Jesús está contigo secando tus lágrimas, en este mismo instante, Él está borrando tus marcas y poniéndoselas Él mismo. Lo hizo por mí y lo puede continuar haciendo por ti “Me rescató de la muerte, quitó las lágrimas de mis ojos, y libró a mis pies de tropezar. ¡Así que camino en la presencia del Señor mientras vivo aquí en la tierra!” Salmo 116:8-9 NTV

Libre de toda marca: sana por Jesús
Por Wenddy Neciosup