martes, 8 de marzo de 2011

"El Mejor Último Lugar de la Historia"


"A unos pasos de la Historia"

Vamos a viajar… por esas cosas de la vida nos remontaremos a 41 años atrás. Es Octubre de 1968, la mayoría de nosotros aun no habíamos nacido y quizás ni siquiera estábamos en planes de vida. El escenario es una olimpiada, la prueba es la máxima en esa instancia: la maratón.

Y ahí estás el día de la competencia, llevas puesto el número 36 tanto en tu pecho como en la espalda. Tu nombre es Stephen Akhwari, estás en la línea de partida y a punto de comenzar los 42.195 Km. más importantes de tu vida. Representas a tanzania, un país de África de 13 millones de habitantes aproximadamente en aquellos años. Una nación que está en los comienzos de su vida independiente (sólo en el año 1961 había conseguido pacíficamente tal condición)

Ya no hay más, se anuncia la partida y comienzas a un tranco lento y continuo, avanzando junto con el pelotón los primeros kilómetros. Concentración absoluta. Todo el entrenamiento de años, puesto a prueba. Sólo se escucha respiración, mirada en línea recta y uno que otro sonido alentando.
Todo tal cual, paso tras paso, ha transcurrido la mitad de la carrera y aun queda mucho para vislumbrar si se podrá alcanzar un lugar en el podio al alcanzar la meta. Kilómetro 19, una caída, una más en esta larga vida. Golpe en la rodilla izquierda (que posteriormente también se diagnosticó dislocación del hombro). De esta forma se retomó la carrera… a un paso más lento que lo acostumbrado y con dolores. Los demás competidores se alejaban y uno a uno me sobrepasaban dejándome inevitablemente en el último lugar.
Comienza a caer la noche, los minutos pasan, el tranco cada vez es más lento y doloroso. Se asoma la idea de abandonar, sin embargo una y otra vez se desecha la opción, aun cuando es imposible lograr un lugar en el anhelado podio. Toda una vida para correr en la instancia más importante con una rodilla y un hombro lesionado. ¡Las cosas de la vida! Seguir, hay que llegar, sea como sea después podré descansar. Ahora caminando, arreglando la venda y descansando unos segundos.

Parece un sueño, sin embargo a lo lejos veo la meta, no se ni como ni cuando entré al estadio olímpico. Da lo mismo la venda, el dolor, correré este último tranco porque se que tendré el tiempo necesario para sanar después de concluida la competencia. El público que aun permanece en el estadio, pasado casi 1 hora de la llegada del vencedor, se pone de pie y comienza a aplaudir. Corro lo mejor que puedo, agotando las últimas energías, y después un paso mágico alcanzo la meta. Ha terminado todo.

Al día siguiente la expectación es tal que numerosos periodistas querían saber del por qué había terminado la carrera. Y hubo uno que preguntó: “¿Por qué después de la caída, con el dolor que sentía, y sabiendo que no tenía opciones de alcanzar una posición destacada, decidió seguir y acabar?” Y respondí: “Mi país no me envió 5.000 millas para que empezase la carrera, me envío 5.000 millas para que la acabase”

Basado en la Maraton de los Juegos Olímpicos de México 1968, el protagonista de tal hazaña, Stephen Akhwari.
Un video de la llegada




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