viernes, 18 de febrero de 2011

¡Misión Peligro!

El mundo animal nos muestra especies que, de por vida, son y serán irreconciliables. Depredador y presa no serán nunca amigos porque el primero, siempre pero siempre acechará, perseguirá, atacará y matará al segundo.
Encuentro en el Evangelio las atinadas palabras del Señor Jesucristo, dirigidas a sus discípulos a modo de advertencia diciendo: "yo os envío como ovejas en medio de lobos" Mateo 10:16a (Biblia de Las Américas) Vaya que son precisas las palabras, fueron atinadas para los discípulos. Él les dio una misión que realmente era: "Misión Peligro", no los envió a un lugar desconocido, no los despachó sin información, les advirtió del peligro que enfrentarían al realizar la labor encomendada. ¡Qué advertencia!


Han pasado más de veinte centurias y al parecer, la Iglesia (los creyentes seguidores de Jesucristo) ha pasado por alto las recomendaciones del Señor. Nos hemos olvidado que los lobos y las ovejas son enemigos por naturaleza, porque más temprano que tarde, los lobos terminarán despedazando a las indefensas ovejas.

Hemos olvidado nuestra condición de ovejas -indefensas, sin capacidad de dirección, muy apegadas a su rebaño y timoratas ante la presencia de un desconocido- pese a ello nos asociamos y relacionamos tan afiatadamente con "los lobos" que aparentan ternura pero acechan cuidadosamente para ver el punto vulnerable y atacar, tienen la habilidad de cazar de día y de noche, sus ojos azules son atrayentes y dentro de su dieta están, en primera categoría las ovejas.

Cómo nos hemos relacionado tan bien con "los lobos", nos gusta su reconocimiento, aplausos y donaciones para nuestros templos. Participamos amenamente en sus comidas, reuniones sociales. Celebramos cada una de sus festividades (Navidad, Año Nuevo, Semana Santa...) Nos servimos todo lo que dispongan en su mesa (pornografía, adulterio, avaricia, envidias, murmuración, rencores, chistes de doble sentido, lenguaje soez) Nos embaucan con sus halagos, aprobamos sus conductas impropias y hasta las justificamos como "propósito de Dios"; los ojos azules de los lobos nos atraen y nos dejamos seducir al punto, que hemos ido poco a podo dejando de lado la Misión encomendada; ya no denunciamos el pecado ni atendemos a la voz del Buen Pastor, sino que cuando nos reunimos, se escucha más el aullido de los lobos que se han entrometido en el rebaño, que la dulce y firme voz del Gran Pastor de las ovejas: Jesucristo.

Definitivamente hay que hacer un alto y sacudirse del encantamiento que los lobos han provocado en nuestro corazón y mantener los ojos abiertos para retomar la posición que nos corresponde y cumplir a cabalidad la Misión Peligro. No debemos olvidar que un lobo solitario puede causar estragos en un rebaño de ovejas, pero una oveja solitaria solamente es presa fácil para una jauría de lobos.

¡Ovejas, tengamos cuidado, los lobos están prestos para destruirnos, no nos descuidemos!

Por Escriba Diligente - Chile
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