lunes, 17 de enero de 2011

Tras sus huellas

Con el inicio del nuevo año he repasado muchas de mis actitudes y conocimientos adquiridos durante mi caminar en Cristo; y una vez mas el deseo profundo de renovar y mejorar mi relación personal con Dios.
Es increíble, cuando al mirar atrás veo las veces que no logré mantener el hábito de conversar una vez al día con mi Padre Celestial.

Hasta hace poco, no me había dado cuenta que la única que sale "perdiendo" al no tener una relación estable, era yo.
El año pasado fue muy duro, y cuando creía que nada peor podía pasar algo nuevo sucedía, empeorando aún más mi vida.

Cuando nuestro crecimiento espiritual se estanca o perdemos momentáneamente el rumbo, él llama nuestra atención y nos hace ver que los tiempos están cambiando a una velocidad increíble y necesita que nosotros, sus hijos, estemos a la altura de las circunstancias.

No es tiempo de detenernos a sollozar; tenemos que curar la herida y entregársela para que El la sane, y pueda utilizarnos en beneficio de otros.

Cuando nos acercamos con fe al trono de la gracia, comenzamos a estrechar nuestro vínculo con la tercera persona de la Trinidad: el Espíritu Santo. Despojemonos de las estructuras mentales que puedan impedirnos deleitarnos y gozar de su presencia.

Como dice 1° Corintios 2:9-10: " . . . Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. . . .; porque el Espíritu todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios"