jueves, 13 de enero de 2011

Dejar, para tener lo mejor II


"Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron"
Mateo 4:20 (RVR 1960)

Abandonar aquello por lo cual hemos luchado incansablemente y trabajado con afán es un tanto doloroso. El renunciar a lo que deseamos y queremos nos produce un complejo momento de cuestionamientos antes, durante y después de haberlo hecho; no es para nada fácil enfrentar decisiones de este tipo, pero una vez más vuelvo a leer este versículo y los susesivos y me pregunto ¿qué motivó a estos pescadores a dejar las redes, la barca y a la familia? ¿Es que debo seguir el ejemplo de ellos, abandonando el trabajo, a mi esposa e hijos y seguir a Jesucristo? No creo que sea éste el sentido correcto del versículo leído ni de los que continuan.
El punto a reflexionar tiene otra fuerza y creo que pasa por revisar en mí cuanto apego le tengo a las cosas y a las personas.

Las redes son la representación del trabajo, la seguridad de la obtención de un salario que me hace llevadera la vida durante la semana, la quincena o el mes (según sea el tipo de paga recibida) Teniéndolo puedo estar tranquilo y agradecer a Dios por ello. Pero si de la noche a la mañana quedo sin trabajo, sin salario ¿podré creer y agradecer a Dios del mismo modo?
La barca es el símbolo de los bienes que poseemos; no sólo la casa o el apartamento, sino también ese sillón de cuero, esa Pantalla LCD de 60 pulgadas, el carro último modelo, el nuevo nombramiento que recibimos en el trabajo, la nueva piscina adquirida, la casa de campo, el título universitario (grado académico alcanzado) A veces, ser poseedores de estos bienes que nos hacen la vida más cómoda nos impide acercarnos a Dios porque creemos tenerlo todo.
El padre representa los lazos con los familiares directos o indirectos, las amistades, los compañeros, twitter, facebook, msn, el círculo social, los compromisos -cenas, reuniones, celebraciones, etc... Estos son muy importantes, pero lamentablemente a veces tienen más influencia en nosotros que lo que Dios dice en su palabra.
Dejar las redes, la barca y al padre es un desafío constante, porque siendo grato tenerlos debiéramos mirar más alto y considerar que el privilegio de ellos se nos ha concedido sólo por el favor divino. Y siendo dádivas de Dios no deben o mejor dicho, no debieran impedir nuestra relación con Él.
Abandonarlos es simplemente ordenar las prioridades y establecer tiempo y lugar para ellos sin descuidar la primacía que debemos conceder al autor de nuestra vida y al hacedor de nuestra salvación.Las redes, la barca y el padre sigilosamente nos atrapan cual enredadera que trepa por el árbol verde y frondoso, al punto de ahogarlo, quitarle su fuerza y finalmente la vida.
Haz un alto, piensa, examínate y deja lo mejor para alcanzar lo excelente.

Por Escriba Diligente - Chile