martes, 4 de enero de 2011

Decisión: Hacer lo que no hace la mayoría


"Se propuso Daniel en su corazón no contaminarse con los manjares del rey ni con el vino que él bebía"
Daniel 1:8 (Biblia de Las Américas)
La decisión y consecuente acción de Daniel lo han llevado a no alimentarse con los suculentos manjares dispuestos en la mesa del rey (el gran Nabucodonosor de la Babilonia antigua), se preguntará el por qué de ello, la respuesta es una sola, la mayoría de los animales que servían de alimento en la corte eran sacrificados en nombre de las divinidades paganas y luego despostados para el consumo.
No hay un obstinado capricho al no comer, sino un sumo cuidado de no ofender ni deshonrar a su Dios, el gran y único Creador Omnipotente. Esta decisión consecuente nos deja pensando que hay que ser muy cuidadosos en todo lo que hacemos, porque al hablar de contaminación nos referimos a "todo aquella presencia o incorporación al ambiente de sustancias o elementos tóxicos que son perjudiciales para el hombre" (esta es la defición de ello, aplicable también al cuidado del alma)
Hoy por hoy, el rey continúa ofreciéndonos su mesa bien presentada, surtida de deliciosas y variadas preparaciones que de forma se ven aparentemente inofensivas, pero de fondo sólo nos llevarán a la corrupción total. No es desconocido como se nos ofrece el plato de "la verdad relativa", para que aferrándonos a ella, hagamos notable abandono de los principios bíblicos en todo nuestro quehacer; otro plato servido es "la libre permisividad" de la que somos testigos ante las conductas gay y lésbicas (de las cuales la sociedad se siente orgullosa al ser tan tolerante); que decir de las constantes presentaciones en bandeja de "las desinhibidas y atractivas degradaciones de la mujer", mostrándola como objeto de mera satisfacción. Cómo no nombrar la costumbre que tiene nuestra sociedad de "mentir" naturalmente con descaro, para salir libre del paso. Cuántos viven atesorando "rencores y resentimientos", evitando a otros sin hablarles por muchos días e incluso años.
Todos éstos y muchos más, son los platos que de la mesa del rey se nos ofrecen, pero debemos estar firmes y no dejarnos guiar por las apariencias y por el argumento "todo el mundo lo hace".
¡Cuidado! que los demás vivan de un modo contrario a lo establecido por Dios en su palabra, no es lo normal sino lo habitual. Lo normal, lo sano, lo bueno es lo que el Señor nos ha indicado en su palabra, le agrade o no a la sociedad en la cual estamos inmersos. Es preciso ocuparse de ello y no engañarse; pues nadie -sabiendo que el plato contiene veneno- se lo sirve concientemente.
Por Escriba Diligente - Chile