sábado, 4 de diciembre de 2010

¿Por qué la sede de la iglesia Católica está en Roma y no en Jerusalén?

Para comprender la razón, es necesario remontarnos al pasado en las alas de la historia hacia los cinco primeros siglos del cristianismo. El artículo que voy a leer ha sido tomado del libro titulado Diccionario de creencias, religiones, sectas y ocultismo, de George A. Mather y Larry A. Nichols. Dice así:

Durante los cinco primeros siglos de existencia del cristianismo, cinco capitales se convirtieron en centros de actividad cristiana: Jerusalén, Antioquía, Alejandría, Constantinopla y Roma. Cada una de ellas, así como cada diócesis a lo largo de la iglesia, tenía nombrados sus obispos. Con el tiempo, los obispos de las ciudades mayores se reconocieron como de más alto rango que los de las comunidades cristianas menos pobladas.

Los obispos de las iglesias de los cinco grandes centros metropolitanos fueron con el tiempo reconocidos como los cinco obispados de más alto rango. Se les llamaba patriarcas. Lo cierto es que cuatro de las cinco ciudades se encontraban en la parte oriental del imperio Romano; Roma era la única ciudad patriarcal de occidente. La iglesia de Jerusalén era reconocida por todos como la iglesia madre, al menos hasta el siglo cuarto. Sin embargo, Jerusalén fue gradualmente suplantada por Antioquía, la ciudad donde los a los discípulos de Cristo se les llamó Cristianos por primera vez, según Hechos 11:26.

Desde Antioquía, el Cristianismo había comenzado a extenderse por todo el mundo gentil y muchos obispos fueron ordenados desde allí. La importancia de Alejandría radicaba en que aunque no podía confirmar su origen apostólico, era destino de la obra misionera de Marcos. En segundo lugar, Alejandría constituyó el mayor centro cultural de Oriente y se destacó por sus grande teólogos, Orígenes y Anastasio.

Constantinopla era el más joven de los centros patriarcales. Era importante porque Constantino había establecido su residencia allí. La ciudad, anteriormente llamada Bizancio, cambió de nombre en su honor. Roma era, por supuesto, el centro del imperio. Desde un punto de vista cristiano, cada vez más actividad cristiana apuntaba a Roma. El libro de Hechos concluye con Pablo trabajando en esta ciudad.

Continuamente se miraba al obispo de Roma en busca de liderazgo. Ireneo había escrito tiempo atrás que Roma tenía el estandarte del liderazgo en la iglesia cristiana. Con el tiempo, después de la invasión de la ciudad por parte de los bárbaros en el siglo quinto y el derrumbe de la institución política que había gobernado el imperio durante siglos, se creó un vacío político y la única institución que había quedado con capacidad para llenar ese vacío era la iglesia cristiana. La cabeza de la iglesia de Roma era, por supuesto, su obispo, quien empezó a asumir cada vez más responsabilidades políticas; esto culminó con el establecimiento del Sacro Imperio Romano.

Cada vez más los obispos de las iglesias occidentales fueron reconociendo la supremacía del obispo de Roma. El término latín para "padre" papa, se aplicó a Siricio, obispo de Roma del periodo 384 a 399. Aunque Ambrosio escribió que el obispo de Roma poseía una primacía de confesión, no de cargo, una primacía de fe, no de rango, la noción de la primacía del rango del obispo de Roma como cabeza de la iglesia ya estaba a punto de emerger y se dio como resultado del conflicto de poder entre las iglesias oriental y occidental. El papa León primero, del 440 a 461 fue el primero en afirmar que Roma disfrutaba de total primacía sobre toda la cristiandad, basando su afirmación en el hecho de que Pedro era el príncipe de los apóstoles que rectamente gobierna a todos los que son gobernados primero por Cristo.

Esta afirmación significó el principio de una nueva era en la iglesia. El título papa fue de aquí en adelante aplicado a cada sucesor del cargo de obispo de Roma. Tal afirmación, sin embargo, nunca ha esta sin protesta a lo largo de la historia de la iglesia. Algunas de las iglesias Norteafricanas y orientales se opusieron a ello desde el primer momento. Muchos historiadores cristianos argumentan que cuando la iglesia cristiana pasó de ser un movimiento milenialista, inmediatamente consciente de la realidad escatológica de la inminente parousia de Jesucristo, a ser una religión totalmente absorbida y culturizada por el imperio romano, dejó de representar el verdadero carácter del cristianismo.

Además argumentan que este desarrollo condujo al deterioro de la iglesia. Así como Israel se corrompió por las influencias de las religiones paganas, así también la iglesia. Las prácticas paganas, la adoración de imágenes, la veneración de mártires y santos y toda clase de supersticiones, se introdujeron en la iglesia. El lugar de ser una institución que se mantenía como testigo profético ante el mundo, la iglesia se convirtió en una institución mundana, dispuesta y capaz para adaptarse a las formas del politeísmo y paganismo predominantes en el decadente imperio Romano.

Hasta aquí lo que dice este libro en cuanto a por qué la sede de la iglesia católica está en Roma y no en Jerusalén. En todo caso se nota que la razón más importante para esto se debe al poder político y religioso que llegó a tener el obispo de la ciudad de Roma. El momento que el cristianismo se casó con la política, comenzó la decadencia del cristianismo y llegó a ser lo que es hoy y será así hasta que se manifieste el Señor Jesucristo en su segunda venida.

No olvide amable oyente que para nosotros los creyentes, la iglesia no es una organización sino un organismo que tiene vida y está formado por cada uno de nosotros los creyentes, cuya cabeza no es un ser humano que reside en algún lugar como sede, sino Cristo Jesús nuestro glorioso Salvador.