miércoles, 29 de diciembre de 2010

Objetivo alcanzado


"Entraron en la casa y vieron al niño con su madre, María, y se inclinaron y lo adoraron. Luego abrieron sus cofres de tesoro y le dieron regalos de oro, incienso y mirra" Mateo 2:11 (Nueva Traducción Viviente)

Todos nos hemos propuesto metas en la vida; unos de forma ordenada la han programado a tal punto que la tienen proyectada a corto, mediano y largo plazo y cuando llega el fin del año realizan las evaluaciones correspondientes de lo malo y lo bueno, lo que se hizo y lo que quedó pendiente, lo alcanzado y lo abandonado, lo realmente obtenido y porque no decirlo, lo que se ha perdido también. De una u otra forma se hacen estos balances con el fin de mejorar al año entrante o simplemente para tener esa satisfacción del ego al darse cuenta que todo lo propuesto se consiguió sin mayor dificultad.

Proponerse metas y objetivos no está mal, es más me parecen que ellas son necesarias para avanzar y crecer y creo que los sabios del oriente se habían propuesto un objetivo preciso y me parece que hasta habían empeñado su palabra en un acuerdo mutuo de no dar descanso a sus ojos sino hasta encontrar al verdadero causante de la magnífica señal que vieron surgir en el cielo. Motivados por este objetivo, se embarcaron en una tremenda empresa: hallar al Rey nacido.

No debió ser para nada fácil la búsqueda, enfrentaron al sol abrasador del día y el frío de las noches; se vieron expuestos a peligros en medio de la ruta (asaltantes tal vez, bestias y a lo mejor la falta de alimentos y agua), pero nada de ello impidió que llegaran hasta el punto cúlmine de la travesía. Tenían claro el objetivo y lo buscaron a cualquier precio, sin excusas ni pretextos, decididamente avanzaron hasta llegar a Él y una vez logrado el desafío, simplemente lo contemplaron, se postraron y rindieron sus regalos ante el Gran Rey Nacido.


Cuánto esmero, tiempo y dedicación invertimos en nuestras proyecciones y aspiraciones personales, matrimoniales y familiares . Nos proponemos algo y damos la pelea hasta conseguirlo, pero ¿empleamos esa misma fuerza, dedicación y perseverancia en lo espiritual? ¿que meta u objetivo nos proponemos al servir a Dios? ¿están en nuestros planes el deseo ferviente y la disposición contínua de agradar al Autor de nuestras vidas?
¿Cuánto de nuestros proyectos incluyen nuestra vida de adoración al eterno y bondadoso Padre Celestial?

Bien pudiéramos hacer parte de nuestra agenda un tiempo para considerar que por sobre los estudios, la empresa, la familia, las propiedades y el salario está el Gran Rey Jesucristo, y debemos tenerle presente cada día y dedicarnos decididamente a honrarle en y contodo lo que hacemos.

El año termina, pero la posibilidad de honrarle siempre es posible en tanto la vida se nos concede.

Por Escriba Diligente - Chile
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