lunes, 27 de diciembre de 2010

ETERNO PERO CERCANO


"Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros" Mateo 1:23b (RVR 1960)

En estos próximos días la gran mayoría de los que forman parte de la cristiandad celebrarán de una u otra forma la Navidad (festividad que hace recuerdo de la Natividad del Señor, así al menos consta en nuestros calendarios)No faltará el adornado y luminoso árbol, velas para la decoración; los preparativos de la cena (al menos en Chile se realiza en la Víspera de Navidad una cena familiar). Qué decir de todo lo que se hará por conseguir los regalos no sólo para los niños sino también para los cónyuges, enamorados, novios, amigos, compañeros, etc.

Serán sin duda, días llenos de adrenalina en todo los preparativos que esta fiesta trae consigo. Pero con todo esto de las compras, los regalos, el árbol, el pesebre, la comida y más regalos, algo se descuida con creces; y ese algo es precisamente lo que el ángel o mensajero celestial le dijo a José referente al prominente nombre del bebé que nacería cuyo significado es "Dios con nosotros".


No se puede negar que todo esta festividad trae alegría al corazón de muchos, pero revela al mismo tiempo lo vacío que ese corazón se encuentra y que en la loca carrera de mostrar buenos regalos y el mejor árbol adornado ha perdido el sentido de la verdadera dicha: saber que Dios mismo, el todopoderoso Creador eterno que habita en santidad y luz inaccesible tuvo a bien descender a lo más bajo, es decir a la tierra, con la intención de acercarse al hombre y de acercarlo a Él.
Jesucristo, mi amigo, no vino a nacer en la tierra sólo para ser puesto como una tierna imagen en alguna tarjeta navideña ni para ser recordado como el "niñito" que nunca crece y que cada 25 de Diciembre a las 00:00 hrs. debe ser puesto en el pesebre familiar o en el de la catedral de la ciudad. No, amigo, Jesucristo ha venido a este mundo, naciendo como un indefenso bebé, con el firme propósito de mostrarnos que el amor no son sólo palabras sino hechos concretos y de este modo restaurar la relación que el pecado del hombre deterioró.
Él vino a este mundo para entender nuestra forma de vida, tomar nuestro lugar y de una vez por todas traernos a una comunión, a una relación, a una unión con el Padre Celestial y mantenernos en esa unión.
El fin de su venida va más allá de darnos regalos los unos a los otros, o adornar un gran árbol y degustar una exquisita comida. Su venida, al nacer, es para unirnos con Dios y entender que por muy santo y eterno que Él sea tiene siempre el deseo de estar con los que ama (con nosotros la humanidad) y por eso le busca y le da muestras de ese amor.

Es eterno pero no distante, es santo pero no inalcanzable. Él está cercano para todo aquel que así lo quiere.


Autor: Escriba Diligente - Chile
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