miércoles, 29 de diciembre de 2010

¿Es Licito pedir dinero en predicaciones a cambio de Milagros?

Sabemos que hoy en día muchas iglesias ponen en practica estas costumbre, y hasta se ha vuelto un habito común y corriente para las personas. Este es un tema muy debatido y controversial a la hora de hablar del mismo, es por ello, que agradecemos, que todos los comentarios no sean de discusión sino de edificación.
Crees TU... ¿Que esto lo fundamente la biblia?
Veamos este Estudio Bíblico donde es relatado por el Programa Radial La Biblia Dice, donde encontraremos la fuente original de la pregunta, con su respuesta.

Aquí el texto Original:
Tenga en cuenta que he agregado la pregunta y la respuesta separadamente para un mayor entendimiento al lector.

Pregunta citada por el Oyente:
¿Tiene algún fundamento bíblico la práctica de algunos predicadores cuando solicitan a sus oyentes que hagan un pacto con Dios, mediante la entrega de dinero a esos predicadores, para a cambio recibir milagros de sanidad, prosperidad, y liberación de demonios?

Respuesta por parte del programa Radial:
Gracias por su consulta amable oyente. Para responderla es necesario entender de la mejor manera el concepto de un pacto. La palabra hebrea para pacto siempre es berith. Berith puede indicar un acuerdo mutuo voluntario, o bilateral, pero también una disposición o arreglo impuesto por una de las partes a la otra, o unilateral. En la medida en que una de estas partes está subordinada y tiene menos que decir, el pacto adquiere carácter de disposición o arreglo impuesto por una de esas partes a la otra.

Naturalmente, cuando Dios establece un pacto con el hombre este carácter unilateral es muy evidente puesto que Dios y el hombre no son partes iguales. Dios es el Soberano que impone sus ordenanzas sobre sus criaturas. La Biblia contiene ocho pactos efectuados entre Dios y el hombre. Todos estos pactos son de carácter unilateral, es decir que, puesto que el hombre está en un plano inferior a Dios, el pacto entre Dios y el hombre adquiere carácter de disposición o arreglo impuesto por Dios sobre el hombre.

Los pactos en la Biblia pueden ser condicionales, lo cual significa que las promesas del pacto quedan supeditadas al cumplimiento de sus responsabilidades por parte del hombre, o pueden ser incondicionales, lo cual significa que no existen condiciones para que el hombre reciba las promesas del pacto. Ahora que tenemos el concepto bíblico de un pacto, veamos cuáles son esos ocho pactos de los cuales habla la Biblia. El primero pacto es el Edénico. Al hombre le fue dada la jefatura de la tierra. Era un pacto condicional. Adán y Eva no tenían que comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal.

El segundo pacto es el Adánico. Fue constituido antes de la expulsión del huerto. Fue un pacto incondicional en el cual se incluía una maldición y una promesa. El tercer pacto es el Noético. Se hizo con Noé después de la salida del arca. Es un pacto incondicional. Dios no iba a destruir a la humanidad mediante un diluvio. El arco iris fue la señal. El cuarto pacto es el Abrahámico.

Fue un pacto incondicional. Dios simplemente hizo a Abraham maravillosas promesas. El quinto pacto es el Mosaico. Este pacto se hizo 500 años después del pacto Abrahámico. Fue un pacto condicional. La responsabilidad del pueblo era guardar la ley. El sexto pacto es el Palestino. Es un pacto condicional. Dios prometió bendición a cambio de obediencia y maldición a cambio de desobediencia. El séptimo pacto es el Davídico. Es un pacto incondicional. Fue hecho con David por medio del profeta Natán unos 500 años después de Moisés. Dios prometió a David una casa un trono y un reino.

El octavo pacto es el Nuevo. Es un pacto incondicional. Este pacto se selló con la sangre de Cristo. Dios promete al hombre santificación, conocimiento, perdón de pecados. Para beneficiarse de esta promesa, el hombre necesita solamente creer. De manera que, amable oyente, queda en evidencia que en ninguna parte de la Biblia se ve al hombre haciendo pactos con Dios.

Siempre se ve a Dios haciendo pactos con el hombre, a veces un pacto incondicional, a veces un pacto condicional, pero siempre es Dios tomando la iniciativa porque Dios está en un plano infinitamente superior al plano del hombre. Muy bien, pero ¿por qué es que hoy en día se ve a algunos predicadores que desafían a sus oyentes a hacer un pacto con Dios entregando dinero a cambio de recibir milagros? Ah... amable oyente, todo es el resultado de lo que se conoce como la teología de la prosperidad, según la cual el hombre está en el mismo plano que Dios y por tanto está en capacidad de hacer pactos con Dios, en igualdad de condiciones, porque los dos están en el mismo nivel. Pero el problema con esta doctrina es evidente. El Dios de la Biblia no negocia tratos con el hombre.

El Dios de la Biblia establece declaraciones. El pacto de Dios con Abraham no fue una proposición bilateral para buscar un acuerdo entre las partes, sino que se trató de una promesa unilateral iniciada por la persona superior, quien tiene autoridad para estipular reglas no negociables. ¿Cómo es posible entonces que el hombre pretenda hacer pactos con Dios? El panorama se vuelve inclusive más sombrío cuando se introduce el asunto del dinero en los pactos con Dios.

Pensar que por dar dinero, Dios se va a someter a la voluntad de quien entrega ese dinero, no es otra cosa sino pretender comprar a Dios con dinero. Esto es horrendo amable oyente. Dios no está para venderse al mejor postor. Los que defienden la práctica de hacer pactos con Dios entregando dinero para recibir a cambio milagros de sanidad, o favores especiales, o prosperidad, o liberación de demonios, se basan en textos como 1 Samuel 1: 1-22 donde dice: Hubo un varón de Ramataim de Zofim, del monte de Efraín, que se llamaba Elcana hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Tohu, hijo de Zuf, efrateo.

1Sa 1:2 Y tenía él dos mujeres; el nombre de una era Ana, y el de la otra, Penina. Y Penina tenía hijos, mas Ana no los tenía.
1Sa 1:3 Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo, donde estaban dos hijos de Elí, Ofni y Finees, sacerdotes de Jehová.
1Sa 1:4 Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba a Penina su mujer, a todos sus hijos y a todas sus hijas, a cada uno su parte.
1Sa 1:5 Pero a Ana daba una parte escogida; porque amaba a Ana, aunque Jehová no le había concedido tener hijos.
1Sa 1:6 Y su rival la irritaba, enojándola y entristeciéndola, porque Jehová no le había concedido tener hijos.
1Sa 1:7 Así hacía cada año; cuando subía a la casa de Jehová, la irritaba así; por lo cual Ana lloraba, y no comía.
1Sa 1:8 Y Elcana su marido le dijo: Ana, ¿por qué lloras? ¿por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?
1Sa 1:9 Y se levantó Ana después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto a un pilar del templo de Jehová,
1Sa 1:10 ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente.
1Sa 1:11 E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.
1Sa 1:12 Mientras ella oraba largamente delante de Jehová, Elí estaba observando la boca de ella.
1Sa 1:13 Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria.
1Sa 1:14 Entonces le dijo Elí: ¿Hasta cuándo estarás ebria? Digiere tu vino.
1Sa 1:15 Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová.
1Sa 1:16 No tengas a tu sierva por una mujer impía; porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora.
1Sa 1:17 Elí respondió y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho.
1Sa 1:18 Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y se fue la mujer por su camino, y comió, y no estuvo más triste.
1Sa 1:19 Y levantándose de mañana, adoraron delante de Jehová, y volvieron y fueron a su casa en Ramá. Y Elcana se llegó a Ana su mujer, y Jehová se acordó de ella.
1Sa 1:20 Aconteció que al cumplirse el tiempo, después de haber concebido Ana, dio a luz un hijo, y le puso por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo pedí a Jehová.
1Sa 1:21 Después subió el varón Elcana con toda su familia, para ofrecer a Jehová el sacrificio acostumbrado y su voto.
1Sa 1:22 Pero Ana no subió, sino dijo a su marido: Yo no subiré hasta que el niño sea destetado, para que lo lleve y sea presentado delante de Jehová, y se quede allá para siempre.

Los defensores de los pactos con entrega de dinero a cambio de recibir milagros de Dios dicen: Allí está, Ana hizo pacto con Dios y por eso Dios le hizo el milagro al darle el hijo que ella quería. Pero no es así amable oyente. El texto no dice que Ana hizo pacto con Dios. El texto dice que Ana hizo voto. Esto es totalmente diferente. Hacer voto significa hacer una promesa. Ana simplemente prometió a Dios que si le daba un hijo varón, se lo iba a dedicar a Dios. Dios en su soberanía contestó la oración de Ana y como Ana era una mujer de palabra, cumplió lo que había prometido a Dios. Eso es todo.

Ana no dio dinero o bienes materiales tal vez al sumo sacerdote o al templo para que Dios le conceda un milagro al puro estilo de lo que están predicando los maestros de la teología de la prosperidad hoy en día. Usted no se imagina la cantidad de gente que termina defraudada, engañada, desilusionada, y despojada cuando se somete a esta falsa enseñanza de los maestros de la teología de la prosperidad. Los únicos que prosperan dentro del movimiento de la teología de la prosperidad, son los maestros de la teología de la prosperidad, pero a costilla de miles o millones que ciegamente son engañados por ellos. A Dios se le debe dar con generosidad y alegría no para recibir algo a cambio, sino por amor a su persona, a su palabra y a su obra.

Autor: David Logacho